Luis siguió siendo como aquellos maestros imagineros que él conoció en la “Casa de las Artistas”, de ahí su evolución y permanencia en el candelero de los más grandes.
Su arte, siempre estuvo muy cerca de la divinidad y él lo sabía, por eso cuando terminó la imagen del Cristo Resucitado para la villa de Rota, nos dedicó un dibujo con esta portentosa aseveración artística: “EL ARTE EN SÍ ES UNA RELIGIÓN PORQUE LA BELLEZA ES UN REFLEJO DE DIOS”.